Distracciones.

Cierro los ojos y estoy otra vez allí, en la parada. Noto de nuevo esa angustia extraña que me acartona la pierna mala y siento el sudor caer por mi frente, el corazón que no se calma y el juicio nublado. También la vergüenza y las ganas de llorar.  Sigue leyendo

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La razón del olvido.

¿Cómo dices? ¿Un pájaro? ¿sobre aquella roca? ¿De qué roca me hablas? ¡Ah! ¡Ya sé! Sí, aquel pajarito, ya lo recuerdo.

Estaba como apoyado, haciendo equilibrios a una pata, estirando o jugando a ser una grulla, qué sé yo. Allí estaba él, tan distante, y alrededor toda ese agua que nunca para de moverse, que apenas nota la roca y que está tan fría y nos da reparo beber porque no está embotellada y no sabe a nada si no que se atreve a saber. Sigue leyendo

Una estudiada caída libre.

La realidad es y siempre ha sido más sencilla, como las hojas de los árboles que primero eran tronco y luego rama, que apenas fueron brote por unos días y que luego cambian de color sin darse cuenta, cada vez más secas y gastadas, como sin sangre, como sin vida. Y como ellas, caemos con cierta gracia en un vaivén discreto de gravedad y de viento, embebidos de un frío que no entendemos y que nos agrieta por dentro y por fuera. Sigue leyendo

Para las visitas

Te doy la bienvenida a mi ático lunar. Hacía mucho que no venía por aquí, así que siento mucho el caos de oscuridad que vas a encontrarte nada más cruzar el umbral. Está todo lleno de polvo y muy, muy desordenado, incluso para mí. No sé muy bien por qué habrás venido, pero ten claro que estás invitado/a. Las diversas estancias de mi ático están repletas de hojas y hojas desubiciadas con historias y versos que ansían ser leídos y llevados a término, sea éste bueno o malo. Espero que las historias que aquí leas y los poemas que descubras te apasionen tanto como a mi y te llenen lo suficiente para olvidar dónde estás, entre el caos de un lunático.