Perspectiva

Esta mañana me crucé con Marcos, ya sabes, el técnico, el de las gafas redondas. Y ahora de pronto, me entero de que no volveré a verle. Se le veía bien, algo cansado, lo normal supongo. Por lo visto su mujer le dejó hace un tiempo, yo no sabía nada. Y él, cada mañana, a sus asuntos.

Le recuerdo sobre la escalera, cambiando algún halógeno, concentrado en su trabajo mientras yo no terminaba de atender al mío, ahí, en mi rincón. Una vez se le cayó el fluorescente y se rompió en mil pedazos, quedó casi desvanecido, fue un buen susto. Yo, por supuesto, me acerqué a ayudarle. Se le veía cansado, no triste ni molesto, solo cansado. ¿No se esconde en el cansancio la tristeza a veces?  Puede ser, y el caso es que hoy también lo estaba. Allí, en el pasillo, con los ojos como apagados, ¿me entiendes? Cansado o triste, qué sé yo. Y cada cual a lo suyo, ajenos el uno al otro, sin halógeno, sin trabajo, sin mujer. Pero ya se ha acabado.

No sabría decir si estaba triste o cansado, pero tampoco creo que sea importante saberlo ya. Me pregunto qué hubiese pasado si hubiéramos hablado, aunque solo hubiéramos cruzando dos palabras. O si le hubiese contado, qué sé yo, que estaba pensando en saltar por aquella ventana por la que acababa de pasar el paño con tanta insistencia. Tal vez, después de todo, no lo hubiera hecho.

Anuncios

¿Te ha gustado?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s